"KRAMER, VIOLENCIA Y DEMOCRACIA" ¿Es la violencia el único camino"

Durante su presentación en el festival de Viña del Mar, el imitador y comediante chileno Stefan Kramer presentó una polé-mica apología de la llamada "Primera Línea", el grupo más violento de las protestas. La frase que presentó fue "no sientas miedo, si gracias a la primera línea podemos marchar; si no fuese por ellos no existirían las marchas." Y el público aplaudió. Durante los meses de crisis ha sido posible conocer la opinión que tienen sobre ella personas de variada posición política. Y si se revisan en detalle, en la generalidad de los casos, de manera transversal, sólo existe un rechazo parcial a la violencia. La gran mayoría rechaza la violencia, porque, asumo, entienden que no está bien destruir; pero la rechazan parcialmente, porque reconocen que, si no hubiese habido violencia, el Gobierno y los políticos no hubiesen hecho nada. Y hay verdad en esto, porque los políticos —temerosos ante la opinión pública— suelen reaccionar favorablemente a la violencia, dándole al violento lo que pide y, en definitiva, validándola como medio. Es por lo que la violencia se usa con frecuencia como instrumento político. Pero lo que más llama la atención es que la violencia esté siendo vista como "necesaria", y hasta como "la única alternativa" para lograr "cambios profundos". Las palabras de Kramer fueron en esta línea. 
En una conversación de hace unos días, antes de empezar el festival, alguien directamente me preguntó "y si no es con vio-lencia, qué alternativa existe", a lo que respondí "con el voto; en las democracias la gente participa votando". La persona con quien hablaba no había pensado en esta posibilidad. 
Entender esto es básico y esencial para la existencia de una democracia; y quien está por las vías de hecho antes que por el voto no puede decirse verdaderamente demócrata. Pero por básico y esencial que sea, creo que a todos se les olvidó un poco, y en especial a los políticos y al Gobierno. 
Creo importante recordar a todos que la violencia no es buena, que validar la violencia como medio de participación política es un atentado contra la democracia. Recordar que la verdadera participación en democracia se ejerce a través del voto: cumpliendo con la obligación cívica de votar, y votar de manera informada. Y recordar que, en definitiva, si se quiere llevar a cabo cambios profundos en el país, que logren llevar a Chile al desarrollo en condiciones de igualdad de oportunidades para todos, entonces se deben elegir buenos representantes, con altura de mira, que busquen el interés del país antes del suyo propio o de su partido, que piensen en el largo plazo y no en la próxima elección, y que tengan una verdadera vocación de servicio público. 
Sin duda recordar todo esto habría sido más fácil si el Gobierno y los políticos hubiesen sido firmes y valientes, y hubiesen seguido una ruta más lógica y responsable, como hubiese sido primero restaurar el orden público y luego ver cómo atender las demandas que sean válidas a través de políticas públicas serias y bien pensadas, que solucionen de manera real los problemas y no sólo en el corto plazo. No fue el caso, pero aún estamos a tiempo. 
Violencia y democracia nunca van de la mano, y si no se pone fin a la violencia de manera concreta (no sólo "condenándola" en discursos vagos), nuestra democracia está condenada a su destrucción.

Por: Nicolás Vial C. | Publicado: 25 de agosto 2020

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"KRAMER, VIOLENCIA Y DEMOCRACIA" ¿Es la violencia el único camino"

Por: Nicolás Vial C. | Publicado: 25 de agosto 2020

Durante su presentación en el festival de Viña del Mar, el imitador y comediante chileno Stefan Kramer presentó una polé-mica apología de la llamada "Primera Línea", el grupo más violento de las protestas. La frase que presentó fue "no sientas miedo, si gracias a la primera línea podemos marchar; si no fuese por ellos no existirían las marchas." Y el público aplaudió. Durante los meses de crisis ha sido posible conocer la opinión que tienen sobre ella personas de variada posición política. Y si se revisan en detalle, en la generalidad de los casos, de manera transversal, sólo existe un rechazo parcial a la violencia. La gran mayoría rechaza la violencia, porque, asumo, entienden que no está bien destruir; pero la rechazan parcialmente, porque reconocen que, si no hubiese habido violencia, el Gobierno y los políticos no hubiesen hecho nada. Y hay verdad en esto, porque los políticos —temerosos ante la opinión pública— suelen reaccionar favorablemente a la violencia, dándole al violento lo que pide y, en definitiva, validándola como medio. Es por lo que la violencia se usa con frecuencia como instrumento político. Pero lo que más llama la atención es que la violencia esté siendo vista como "necesaria", y hasta como "la única alternativa" para lograr "cambios profundos". Las palabras de Kramer fueron en esta línea.
En una conversación de hace unos días, antes de empezar el festival, alguien directamente me preguntó "y si no es con vio-lencia, qué alternativa existe", a lo que respondí "con el voto; en las democracias la gente participa votando". La persona con quien hablaba no había pensado en esta posibilidad.
Entender esto es básico y esencial para la existencia de una democracia; y quien está por las vías de hecho antes que por el voto no puede decirse verdaderamente demócrata. Pero por básico y esencial que sea, creo que a todos se les olvidó un poco, y en especial a los políticos y al Gobierno.
Creo importante recordar a todos que la violencia no es buena, que validar la violencia como medio de participación política es un atentado contra la democracia. Recordar que la verdadera participación en democracia se ejerce a través del voto: cumpliendo con la obligación cívica de votar, y votar de manera informada. Y recordar que, en definitiva, si se quiere llevar a cabo cambios profundos en el país, que logren llevar a Chile al desarrollo en condiciones de igualdad de oportunidades para todos, entonces se deben elegir buenos representantes, con altura de mira, que busquen el interés del país antes del suyo propio o de su partido, que piensen en el largo plazo y no en la próxima elección, y que tengan una verdadera vocación de servicio público.
Sin duda recordar todo esto habría sido más fácil si el Gobierno y los políticos hubiesen sido firmes y valientes, y hubiesen seguido una ruta más lógica y responsable, como hubiese sido primero restaurar el orden público y luego ver cómo atender las demandas que sean válidas a través de políticas públicas serias y bien pensadas, que solucionen de manera real los problemas y no sólo en el corto plazo. No fue el caso, pero aún estamos a tiempo.
Violencia y democracia nunca van de la mano, y si no se pone fin a la violencia de manera concreta (no sólo "condenándola" en discursos vagos), nuestra democracia está condenada a su destrucción.