“TODOS QUEREMOS DIGNIDAD” De fines y medios; de fotos y videos

Mayor igualdad, mejores pensiones, mejor salud, mejor educación. ¿Hay alguien en Chile que no quiera tales cosas? ¿Existe alguien que de verdad quiera mayor desigualdad y peores pensiones, salud y educación? Puedo asegurar que no. Todos en Chile queremos lo mismo, todos queremos dignidad. Pero si tenemos un acuerdo en los fines, ¿dónde está la diferencia? Claramente en cuáles son los mejores medios para alcanzarlos. La discusión entonces no es de fines, sino de medios.

Por una parte, los que apoyan el modelo de “izquierda” señalan que el mejor medio para alcanzar los fines comunes es centralizando todo en el Estado. Subir los impuestos, hacerse de bienes que hoy están en manos de privados, aumentar el aparato estatal, y dirigir y controlar desde ahí la vida de la sociedad. Creen que el Estado es tan capaz como los privados de producir bienes y servicios, y que es más capaz aún de repartir igualitariamente los beneficios que en la economía se produzcan. Defienden que sólo se logra igualdad supeditando la propiedad privada al “bien público” y permitiendo sólo un sistema público de salud y educación.

Por otra parte, los que apoyan el modelo de “derecha”, o más propiamente el modelo económico de libre mercado, señalan que el mejor medio para lograr los fines comunes es incentivando la iniciativa privada. Partiendo de la base que el Estado es un administrador ineficiente de recursos, le asignan a éste un rol subsidiario, esto es, que actúe sólo en aquellos lugares donde los privados no pueden llegar y hasta que lleguen. Sostienen que un Estado pequeño requiere a su vez de un menor gasto público, lo que permite cobrar menos impuestos y mejorar los retornos para quienes inviertan en su economía, atrayendo inversión y haciendo crecer la economía. Defienden la libertad de educación y el rol primordial en ella de los padres, y permiten que privados administren bienes nacionales de uso público y presten servicios comúnmente de cargo del Estado.

A raíz del fracaso del modelo de “izquierda” de la Unidad Popular, Chile decidió a partir de entonces buscar la consecución de los fines comunes usando como medio el modelo económico de libre mercado, cuyos pilares y principios están recogidos en la Constitución. Pero actualmente este medio está siendo duramente cuestionado, porque a pesar de los éxitos que muestra, no ha sido capaz al día de hoy de garantizar un nivel de vida digna para todos los chilenos.

¿Es justa esta crítica? Hay que ir por parte.

Si se analiza el país en este momento, aislado del tiempo, sin consideración del pasado y del futuro, la crítica parece justa. En efecto, si se mira como una foto, en Chile hoy la mayoría de la población recibe un sueldo igual o inferior a $400.000, tiene a alrededor del 7,8% de su población viviendo en condiciones de pobreza, presenta un promedio de pensiones bajísimo y una mala calidad de educación y salud pública. Y estos no son todos sus problemas.

Sin embargo, si se analiza al país en el tiempo, considerando su pasado y sus proyecciones a futuro, la crítica se muestra totalmente injusta. Si se mira como un video, desde la implementación del modelo económico de libre mercado Chile redujo su población en pobreza del 50% al 7,8%, aumentó su PIB per cápita en alrededor de un 920%, disminuyó su desigualdad –según el índice Gini– de 57,2 (en 1990) a 46.6, aumentó el sueldo de los más pobres en un 400%, posicionó a Chile como uno de los países con mayor movilidad social del OCDE, redujo abruptamente sus índices de mortalidad infantil, desnutrición infantil y analfabetismo, y mejoró radicalmente los niveles de escolarización y educación secundaria, salubridad y esperanza de vida. Y estos no son todos sus logros.

De esta manera, mirando Chile como video y no como foto, es evidente que los medios que está utilizando para lograr los fines comunes son los correctos, que va en el camino adecuado. Nadie discute que el país hoy tiene problemas, pero sus medios, el modelo que ha utilizado hasta ahora, más que parte del problema parece ser parte de la solución.

El desafío entonces no apunta a cambiar el modelo, sino a ajustarlo, ayudar a que el producto de su éxito llegue más rápido a las personas más pobres, acelerando la transferencia de valor a los que menos tienen.

En Chile los fines están claros; el acuerdo que hace falta es sobre los medios. Y para lograr ese acuerdo es urgente que todos –partiendo por el Gobierno– defiendan el modelo, lo expliquen, presentando la realidad del país como un video, teniendo a la vista lo que era y lo que es hoy. Sólo así será posible que como país concluyamos que vamos por buen camino, y que si bien el modelo debe adaptarse a las urgencias de hoy, no debe alterarse en su pilares y principios esenciales.

Defendamos el modelo. Sólo así podremos lograr una mayor igualdad, mejores pensiones, mejor salud y mejor educación.

Si quieres mayor información, no dudes en escribirnos a sumate[email protected]

Por: Nicolás Vial C. | Publicado: 25 de agosto 2020

“TODOS QUEREMOS DIGNIDAD” De fines y medios; de fotos y videos

Por: Nicolás Vial C. | Publicado: 25 Agosto 2020

Mayor igualdad, mejores pensiones, mejor salud, mejor educación. ¿Hay alguien en Chile que no quiera tales cosas? ¿Existe alguien que de verdad quiera mayor desigualdad y peores pensiones, salud y educación? Puedo asegurar que no. Todos en Chile queremos lo mismo, todos queremos dignidad. Pero si tenemos un acuerdo en los fines, ¿dónde está la diferencia? Claramente en cuáles son los mejores medios para alcanzarlos. La discusión entonces no es de fines, sino de medios.

Por una parte, los que apoyan el modelo de “izquierda” señalan que el mejor medio para alcanzar los fines comunes es centralizando todo en el Estado. Subir los impuestos, hacerse de bienes que hoy están en manos de privados, aumentar el aparato estatal, y dirigir y controlar desde ahí la vida de la sociedad. Creen que el Estado es tan capaz como los privados de producir bienes y servicios, y que es más capaz aún de repartir igualitariamente los beneficios que en la economía se produzcan. Defienden que sólo se logra igualdad supeditando la propiedad privada al “bien público” y permitiendo sólo un sistema público de salud y educación.

Por otra parte, los que apoyan el modelo de “derecha”, o más propiamente el modelo económico de libre mercado, señalan que el mejor medio para lograr los fines comunes es incentivando la iniciativa privada. Partiendo de la base que el Estado es un administrador ineficiente de recursos, le asignan a éste un rol subsidiario, esto es, que actúe sólo en aquellos lugares donde los privados no pueden llegar y hasta que lleguen. Sostienen que un Estado pequeño requiere a su vez de un menor gasto público, lo que permite cobrar menos impuestos y mejorar los retornos para quienes inviertan en su economía, atrayendo inversión y haciendo crecer la economía. Defienden la libertad de educación y el rol primordial en ella de los padres, y permiten que privados administren bienes nacionales de uso público y presten servicios comúnmente de cargo del Estado.

A raíz del fracaso del modelo de “izquierda” de la Unidad Popular, Chile decidió a partir de entonces buscar la consecución de los fines comunes usando como medio el modelo económico de libre mercado, cuyos pilares y principios están recogidos en la Constitución. Pero actualmente este medio está siendo duramente cuestionado, porque a pesar de los éxitos que muestra, no ha sido capaz al día de hoy de garantizar un nivel de vida digna para todos los chilenos.

¿Es justa esta crítica? Hay que ir por parte.

Si se analiza el país en este momento, aislado del tiempo, sin consideración del pasado y del futuro, la crítica parece justa. En efecto, si se mira como una foto, en Chile hoy la mayoría de la población recibe un sueldo igual o inferior a $400.000, tiene a alrededor del 7,8% de su población viviendo en condiciones de pobreza, presenta un promedio de pensiones bajísimo y una mala calidad de educación y salud pública. Y estos no son todos sus problemas.

Sin embargo, si se analiza al país en el tiempo, considerando su pasado y sus proyecciones a futuro, la crítica se muestra totalmente injusta. Si se mira como un video, desde la implementación del modelo económico de libre mercado Chile redujo su población en pobreza del 50% al 7,8%, aumentó su PIB per cápita en alrededor de un 920%, disminuyó su desigualdad –según el índice Gini– de 57,2 (en 1990) a 46.6, aumentó el sueldo de los más pobres en un 400%, posicionó a Chile como uno de los países con mayor movilidad social del OCDE, redujo abruptamente sus índices de mortalidad infantil, desnutrición infantil y analfabetismo, y mejoró radicalmente los niveles de escolarización y educación secundaria, salubridad y esperanza de vida. Y estos no son todos sus logros.

De esta manera, mirando Chile como video y no como foto, es evidente que los medios que está utilizando para lograr los fines comunes son los correctos, que va en el camino adecuado. Nadie discute que el país hoy tiene problemas, pero sus medios, el modelo que ha utilizado hasta ahora, más que parte del problema parece ser parte de la solución.

El desafío entonces no apunta a cambiar el modelo, sino a ajustarlo, ayudar a que el producto de su éxito llegue más rápido a las personas más pobres, acelerando la transferencia de valor a los que menos tienen.

En Chile los fines están claros; el acuerdo que hace falta es sobre los medios. Y para lograr ese acuerdo es urgente que todos –partiendo por el Gobierno– defiendan el modelo, lo expliquen, presentando la realidad del país como un video, teniendo a la vista lo que era y lo que es hoy. Sólo así será posible que como país concluyamos que vamos por buen camino, y que si bien el modelo debe adaptarse a las urgencias de hoy, no debe alterarse en su pilares y principios esenciales.

Defendamos el modelo. Sólo así podremos lograr una mayor igualdad, mejores pensiones, mejor salud y mejor educación.